EXPERIENCIAS EN GRAFITO
por ANA VAN TUYLL

El grafito hecho verbo


Grafitar: pasar una capa de grafito sobre otra. / Reconocer contrastes entre los brillos y texturas, marcas de cada trazo. / Rastrear la impronta manual de cada surco dejada por la punta del grafito. / Distinguir valores tonales en el gris plomo metalizado, cambios que dependen de la dureza y las propiedades del grafito elegido. / Frotar sobre las capas, lustrar y obtener brillo, pero nunca fijar.

Este concepto, grafitar, circunda muy cerca de otro, gravitar. Tal vez el primero sea un desprendimiento de éste. Un trazo del grafito gravita en torno a otro, uno es cimiento del otro, se atraen mutuamente.

Evidentemente, para la práctica artística de Nuna Mangiante, el poder de seducción del grafito resultó ser duradero. La llevó a indagar sobre diversos soportes, hasta que la artista pasó a explorar el instrumento sobre el instrumento mismo: grafito sobre grafito. Semejante incursión resultó ser una novedad que pudo registrar como propiedad intelectual. "Decidí registrar esta idea porque reconozco una cierta pertenencia de la técnica y, éticamente, no corresponde copiarse". Palabra compleja y ancestral, ética, pero si tomarla desde una variante, la "ética profesional", -entendiéndola como comportamiento deseable- nos sirve de pívot para repensar sobre la fidelidad de la artista hacia el medio que eligió. Una constancia que se vuelve al grafito en norma de su profesión.

El dibujo, según la tradición clásica, es el momento intelectualmente más elevado de la creación artística. Los medios utilizados en esta actividad influyen de manera determinante sobre el resultado final, bien sean los apuntes del artista, sus dibujos acabados, preparatorios o finales. La oferta de materiales es amplia, pero la elección no puede ser aleatoria: cada instrumento es soporte de un conjunto de esperanzas y anhelos depositados por el artista.

Nuna Mangiante se aferra del grafito como un principio o regla junto al cual se anima a explorar nuevos territorios. Es así que la artista lleva más de 15 años, desde aquella reveladora exposición en el Centro Cultural Ricardo Rojas en el año 1992, indagando la potencia del mismo material. Y es en esa b²squeda donde la Nuna Mangiante ubica el inicio de su trayectoria como artista plástica.

Y la convivencia devino en un contrato muy productivo que examinó la hospitalidad de superficies tan diversas (tradicionales y no tradicionales) como el papel, el lienzo o la madera con capas de acrílico, el cartón, o el papel fotográfico. Según las propias palabras de la artista, su búsqueda es, primeramente, experimental. Sin embargo, además de resultar operativo y aventurero, este contrato se mantuvo a lo largo de los años, auténtico, se volvió costumbre, sin por eso caer en la repetición.

Nuna Mangiante trabaja con la línea. Una línea que es enterrada por otras líneas que crean estratos de lineas, pero todas ellas coexisten y asÌ debe ser.

Durante nuestro encuentro hablamos sobre el proceso creativo. Cuando la artista refiere al espacio de la creación señala dos enormes paneles levemente inclinados, debajo de grandes ventanales cubiertos de un paño blanco para que la luz sea neutra, sobre los cuales trabaja. Sostiene su brazo en el aire e imagina contener un grafito entre los dedos, mueve lenta y armoniosamente la mano y la muñeca, con gestos muy sutiles, que ahora podemos reconstruir en las sombras que habitan sus piezas. Las líneas son mesuradas, pero no sistemáticas, los trazos afines, pero no duplicados.

De manera notable, Nuna Mangiante, con una "originalísima parquedad", descubre un modo de combinar el trazo y la línea, con la mancha en superficie. En sus geometrias y abstracciones más tempranas los cuerpos rotundos flotan en el espacio y oscilan entre ser formas industriales e impersonales, y la sensibilidad que sólo se desprende del ejercicio de la mano de la artista. Es ese contraste que logra la Abstracción Sensible, una vertiente de la pintura minimalista norteamericana en los año sesenta, al trabajar en sobre la percepción de los matices en el monocromo (Ad Reinhardt, Agnes Martin). Luego, aparecen las manchas que, como sombras moduladas, cubren jarrones de porcelana y objetos suntuarios. Pero esta posibilidad de pintar con el dibujo y dibujar sobre la pintura alcanza su máxima expresión en la serie de los confesionarios.

Entre Agosto y Octubre de 2008 Nuna Mangiante expuso en la Galería Wussmann "Libaciones". Allí mostró fotografías intervenidas de confesionarios estilizados, e instaló 3 estructuras de madera en cuyo interior se guardaban planchas cubiertas de secretos, deseos perversos, pecados, esperanzas, emociones confesadas, todas ellas cristalizadas en dibujos hechos con grafito, sobre grafito. Así, en estos precarios confesionarios, las fantasÌas estín hechas imágenes, y las imágenes, grafitadas sobre grafito, o mejor, como dice León Ferrari "Nuna Mangiante tacha con grafito, espeso grafito, las puertas del confesionario virgen de confesiones que ella construyó".

Sin embargo, quien se acerca a ver la obra no puede separar el qué y el cómo. Es decir: el tema de los dibujos, de la manera en que fueron hechos: para percibirlos, el espectador debe ingresar en la penumbra, linterna en mano e iluminar directamente aquella escena que desea ver. En este sentido, podemos decir que estamos frente a una obra en la que la materialidad afecta directamente al contenido expresivo general.Dibujos y objetos
Así es como organiza Nuna Mangiante dos de las vertientes de su producción (también realizó instalaciones). Por un lado, en los dibujos se agrupan los trabajos donde la artista recurre a frases que son lugares comunes. Pero esos enunciados están desarmados, desestructurados, corridos del sentido común: una práctica contemporánea bastante recurrente entre los artistas que eligen reflexionar irónicamente sobre el lenguaje y sus m²ltiples sentidos (en esta órbita se sitúa la obra de Ben Vautier). Sobre superficies de madera redondas (en general la obra incluye dos piezas), cubiertas de grafito, Mangiante acude a las variaciones de dureza, diversidad de puntas y matices para escribir sentencias como "mentime / que me gusta", "Beso / Negro", "Os declaro / Marido y". El recurso formal se ampara así en otro nivel: la inmaterialidad de la idea. "Desde Marcel Duchamp, las ideas son las ²nicas que nos avalan". Como él, recurre a la parodia y el humor. En este sentido, necesita dar con espectadores cómplices, activos (los mismos que espÌan dentro de los confesionarios o reconstruyen mentalmente las sombras que cubren diferentes objetos que analizaremos a continuación). Pero Mangiante decide seguir manejándose en terrenos del "arte retiniano", más cerca de ese "arte con olor a trementina" que produjo tanto hartazgo al artista francés.

Retomando la organización que planteamos anteriormente, aparece el segundo grupo, los objetos. Se incluyen en esta serie piezas de anticuarios y demás objetos suntuarios. Pero es necesario, antes de seguir avanzando, reflexionar sobre otro hito en su trayectoria. Una de esas "casualidades" que sólo les llegan a quienes están receptivos a nuevas posibilidades llevó a Nuna Mangiante a trabajar con la fotografía. -Estaba participando de la beca de Guillermo Kuitca- explica, "pasé un fin de semana fuera de la ciudad, tomé unas fotografÌas en Necochea" y de repente, de vuelta en Buenos Aires, se encontró dando vueltas sobre algunas piezas sin reunir a²n. Había entre ellas un sentido latiendo. Esas piezas eran un tríptico fotográfico bastante grande que consistÌa de im·genes de Brooklyn-Paris-Necochea, y unas cajitas que contenÌan obras hechas en grafito. Meditando y observando, la artista entendió que podia intervenir las imágenes de ciudades, con sus espacios tridimensionales, con formas grafitadas. Se trató de poner geometria sobre una imagen real con una estructura real".

Lo real adquirió una especificidad: a partir de ahó Nuna Mangiante trabaja con objetos codiciados, objetos de lujo, sÌntomas de un consumo cultural determinado. Aunque ella no se detiene especialmente a explicitar cuál es su postura frente a la sociedad de consumo (ni tampoco inicia una reflexión sobre las condiciones del mercado, el precio, el coleccionismo, etc), ese comentario hace fuerza por salir de la penumbra. Elije objetos de anticuarios, piezas de colección o simplemente objetos únicos con ìun bello diseñoî (como el Audi TT que todavÌa la conmueve). Los fotografía de frente, a una altura media: un formato estándar de los catálogos de remates que pretenden hacer relucir sus piezas. El contorno del objeto, en contraste con el fondo blanco, sirve de marco externo para empezar a empastar toda la superficie. Las evocaciones sensuales de la porcelana (el brillo, por ejemplo) y el estímulo confortable y refinado de un sillón, quedan en suspenso.

Básicamente, lo que Nuna Mangiante anula es la sensación del tacto, el estímulo háptico, cualidad esencial de cualquier objeto (justamente por ocupar un espacio). Entonces empieza a producirse un intercambio que dura lo que dure la percepción de la obra: una fluctuación continua entre la consciencia de la bidimensionalidad del papel fotográfico (conciencia del dispositivo), y la conciencia empirica sobre la volumetria del objeto (de los cuales sólo se ven algunos detalles perimetrales) que es anulada y vuelta superficie por la sombra grafitada.
Estas piezas son el paradigma de una colección, ejemplares (el Audi TT o un jarrón Fabergé) de una serie limitada y, como dice Baudrillard, los objetos abstraídos de su función se vuelven objetos de posesión: el jarrón que no contiene, el sillón que no sostiene, el armario que no alberga. Las obras de Nuna Mangiante parecen repensar plásticamente sobre esa ambig¸edad significativa que rodea al objeto convertido en ejemplar de una colección: meras reliquias para ser contempladas.

Según Jorge Lopez Anaya "las obras de Mangiante tratan sobre la imposibilidad de acceder a esos objetos del deseo, el tema sería la frustración. Es interesante la postura de la artista frente a la crítica en general: ìque hablen, no importa qué, me gusta que se creen nuevos sentidos". AsÌ, resulta evidente que ella asume que el campo de producción crítica en torno a su obra es una instancia necesaria, "lo peligroso es que no hablen", dice. Efectivamente, para Nuna Mangiante la obra debe impactar, sacudir, movilizar.


Conclusión

Hablamos ya del espacio negado, surge ahora otra categoría. Entre la pregnancia de las formas y la sensibilidad de la superficie se despliega el tiempo. Tiempo para rastrear la superficie metalizada y encontrar allÌ una textura, y finalmente reintegrar esa complejidad con la totalidad de la obra. Tiempo que también está incluido en la obra como sucesivas veladuras de grafito, traduciendo la lÌnea en una inversión de tiempo de vida en torno a la obra.
Al final de este recorrido algo es seguro: es imposible imaginar esta obra llevada a cabo con otros materiales. El grafito es la médula, la norma, el desafío que siempre encuentra otra circunstancia en la que puede desplegarse.
Por lo demás, al espectador que se reconforta en la continuidad del flujo de imágenes que invaden su cotidianeidad, se le exige refinar la mirada, ajustar la percepción, desarrollar la capacidad de registrar los matices mÌnimos.

Considero que la obra de Nuna Mangiante presenta una oportunidad para ejercitar un tipo de percepción amplia: visual, retardada
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